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Qué es el centrifugado en una lavadora y cómo usarlo bien
La fase final que expulsa agua, acelera el secado y protege la ropa según el tejido y las revoluciones elegidas.

El centrifugado es la fase que marca la diferencia entre una colada que sale chorreando y otra que termina lista para tender. En ese tramo final, el tambor gira a gran velocidad, empuja el agua hacia afuera y reduce de forma notable la humedad de las prendas; por eso importa tanto en el tiempo de secado, el consumo de energía y el aspecto de la ropa.
Su efecto se nota enseguida: menos peso al sacar la colada, menos agua goteando y menos dependencia de la secadora o del tendedero durante horas. También exige criterio, porque no todos los tejidos soportan la misma intensidad y una mala elección puede traducirse en arrugas marcadas, deformaciones o desgaste prematuro.
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La fase que vacía el tambor de agua a gran velocidad
El centrifugado ocurre después del lavado y del aclarado. Cuando el tambor acelera, la ropa no gira para limpiar, sino para expulsar el agua retenida en las fibras. La física detrás es sencilla y muy eficaz: la rotación crea una fuerza que lleva el líquido hacia las paredes perforadas del tambor, desde donde pasa al sistema de desagüe.
Ese movimiento no seca por completo, pero sí reduce de forma decisiva la humedad. En una lavadora doméstica, el resultado suele depender de la velocidad seleccionada, de la capacidad de carga y del tipo de tejido. Cuanto mejor equilibrada esté la ropa dentro del tambor, más uniforme será la extracción del agua y menos vibración generará la máquina.
La escena es fácil de reconocer en casa: el sonido sube de tono, la lavadora vibra con más energía y la ropa parece aplastarse contra el metal en un giro rápido y continuo. No es un exceso técnico; es el momento en el que la máquina hace el trabajo más parecido a escurrir una prenda con ambas manos, solo que muchas veces y en muy poco tiempo.
Cómo funciona realmente dentro de la lavadora
La clave está en la velocidad. Durante el centrifugado, el tambor puede moverse a cientos o miles de revoluciones por minuto. Al girar así, el agua que está entre las fibras de la ropa sale despedida hacia el exterior por efecto de la fuerza centrífuga y atraviesa los pequeños orificios del tambor. Después cae a la cuba y se evacua por la bomba de desagüe.
Ese proceso depende de algo que muchas veces pasa desapercibido: la lavadora solo centrifuga bien si puede drenar el agua. Si el desagüe está obstruido, la bomba falla o la manguera está doblada, la ropa puede salir demasiado mojada aunque el programa parezca haber terminado con normalidad. En otras palabras, la salida del agua es tan importante como el giro.
También interviene el control del equilibrio. Las máquinas modernas detectan si la carga se concentra demasiado en un lado y reducen la velocidad, repiten movimientos de reparto o incluso interrumpen el ciclo para evitar golpes. Esa gestión no es un capricho del aparato: protege el motor, el tambor y la ropa, además de limitar el ruido y el desgaste mecánico.
Las RPM y lo que de verdad cambian en la ropa
Las revoluciones por minuto, conocidas como RPM, son la medida estándar para hablar de la intensidad del centrifugado. Un número mayor no significa siempre un mejor resultado; significa más expulsión de agua, sí, pero también más presión sobre las fibras y más tendencia a que aparezcan arrugas.
En términos prácticos, una lavadora de 600 RPM deja la colada bastante húmeda y alarga el secado. Un rango de 800 a 1.000 RPM suele funcionar bien para muchas prendas de uso diario. Entre 1.200 y 1.400 RPM, el escurrido ya es notable y la ropa sale con mucha menos agua, algo útil si se seca en interior o en zonas frías y húmedas. Algunos modelos alcanzan cifras aún mayores, pero no siempre hace falta llevarlas al máximo.
La diferencia se percibe sobre todo en piezas gruesas. Toallas, vaqueros o sábanas de algodón absorben mucho agua y agradecen una extracción potente. En cambio, una blusa ligera o una prenda con encaje puede salir muy castigada si se somete a un giro demasiado agresivo. La velocidad, por tanto, no es un detalle menor: es parte del cuidado textil.
Cuánta humedad se elimina y por qué eso importa tanto
El objetivo real del centrifugado no es dejar la ropa seca, sino quitar la mayor cantidad posible de agua antes del secado final. Esa reducción cambia la experiencia completa de la colada. Una prenda que sale mejor escurrida pesa menos, gotea menos y necesita menos tiempo al aire libre o menos minutos en secadora.
En casa, ese margen se nota en el consumo. Si usas secadora, una buena centrifugación previa reduce la energía necesaria para terminar de secar. Si tiendes la ropa, evita que el tendedero se convierta en una fuente constante de humedad ambiental. Y si vives en invierno o en una vivienda poco ventilada, ese detalle puede marcar la diferencia entre una colada razonable y una habitación cargada de vapor.
También hay un beneficio higiénico. La ropa que permanece húmeda durante mucho tiempo tiene más opciones de desarrollar olor a humedad, sobre todo si se deja amontonada en el tambor o en la cesta. El centrifugado no sustituye un buen secado, pero sí acorta la ventana en la que la humedad puede convertirse en problema.
Qué tejidos agradecen más o menos velocidad
La etiqueta de la prenda manda más que cualquier ajuste genérico. Seda, encaje, lana fina y prendas muy delicadas suelen necesitar centrifugados bajos o directamente la opción de no centrifugar. En esos casos, el giro fuerte puede deformar la pieza, dejar marcas o apelmazar la fibra, especialmente en tejidos naturales sensibles.
Las fibras sintéticas, como poliéster, nylon o mezclas de algodón con sintético, suelen tolerar mejor un centrifugado medio. Para ropa del día a día, camisas, camisetas y prendas deportivas, una velocidad intermedia suele equilibrar bien el secado y el cuidado del tejido. El algodón resistente, por su parte, admite rangos más altos sin sufrir tanto, siempre que la carga esté bien repartida.
Las toallas y la ropa de cama forman un capítulo aparte. Son gruesas, absorben mucha agua y agradecen un escurrido fuerte para no salir pesadas como una manta húmeda. En ese punto, un centrifugado alto tiene sentido porque ahorra tiempo y mejora el secado sin castigar en exceso el tejido. El criterio no es extremo o suave por costumbre; es ajustar la intensidad a la estructura de cada prenda.
Qué símbolo suele indicar esta función en el panel
El icono más habitual es una espiral, una hélice o un dibujo que sugiere un giro rápido. En muchas lavadoras aparece junto a palabras como centrifugado, solo centrifugado o aclarado y centrifugado. Aunque cambie el diseño según la marca, la idea visual suele ser la misma: movimiento circular y expulsión de agua.
Ese símbolo resulta útil cuando se necesita una fase independiente. Es frecuente en prendas lavadas a mano que solo requieren escurrido final o en coladas delicadas que han salido demasiado húmedas. También sirve para dar un último impulso a ropa que ya está limpia pero necesita perder más agua antes de pasar al tendedero.
En equipos más recientes, la función puede aparecer como parte de un menú digital y no como un botón aislado. Ahí conviene mirar el manual o la guía del programa, porque a veces la lavadora combina el giro con ajustes automáticos de equilibrio y duración que no se ven a simple vista. La lógica, sin embargo, sigue siendo la misma: reducir humedad al final del ciclo.
Cuándo conviene usarlo y cuándo dejarlo más suave
No siempre conviene apretar al máximo. Un centrifugado alto es útil cuando hay algodón grueso, ropa de cama, vaqueros o cargas pesadas que tardan demasiado en secarse. También es práctico si hay poco tiempo para tender o si la humedad ambiental es alta y el secado se alarga mucho.
En cambio, una velocidad baja tiene más sentido para prendas delicadas, tejidos con adornos frágiles o ropa que puede deformarse con facilidad. En esos casos, un escurrido más amable deja suficiente humedad para proteger la forma de la prenda y reduce el castigo mecánico. No es una renuncia al secado, sino una forma de preservarlo.
Hay otro caso que merece atención: las prendas muy grandes pero ligeras, como algunas fundas o sábanas. Si se centrifugan con la carga mal repartida, pueden enroscarse unas con otras y hacer que la máquina vibre. Cuando eso ocurre, el tambor pierde eficacia y la colada sale peor equilibrada, aunque la velocidad sea alta. La calidad del reparto importa tanto como la cifra de RPM.
Solo centrifugado y aclarado con centrifugado: usos reales
La opción de solo centrifugado no lava ni aclara; únicamente gira para expulsar agua. Resulta útil cuando una prenda ha sido lavada a mano, cuando una colada delicada salió demasiado húmeda o cuando se quiere quitar parte de la humedad sin volver a meter detergente ni agua limpia. Es una herramienta sencilla, pero muy práctica.
El programa de aclarado y centrifugado añade un enjuague previo y después un escurrido final. Esa combinación se usa a menudo para ropa lavada a mano o para prendas que necesitan retirar restos de jabón antes de secarse. También puede ser una solución intermedia cuando la colada ha quedado con exceso de detergente y conviene un último lavado suave sin repetir el ciclo completo.
Ambas funciones tienen valor porque permiten separar tareas. No todo tiene que resolverse con un programa completo de lavado. En la práctica, son atajos bien diseñados para controlar mejor la humedad, el acabado y el tiempo total de la colada. En hogares donde la ropa se lava con frecuencia, ese tipo de flexibilidad se nota.
Cuánto dura y qué ocurre en esos minutos
La duración del centrifugado varía según el modelo y el programa, pero suele moverse entre unos pocos minutos y algo más en cargas pesadas o ciclos completos. En lavadoras modernas, la duración no es fija: depende de cuánto pese la colada, cómo se haya distribuido y cuánta agua quede tras el aclarado.
En un ciclo rápido, la fase puede ser breve y casi inmediata. En un programa de algodón o en cargas voluminosas, la máquina puede tardar más en alcanzar velocidad, estabilizar el tambor y mantener el giro necesario para extraer agua de forma uniforme. Ese tiempo extra no siempre es pérdida; a veces es la manera de evitar vibraciones y lograr un resultado más limpio.
El usuario percibe solo una parte del proceso, pero dentro de la máquina hay una secuencia ordenada: reparto de ropa, comprobación de equilibrio, aumento progresivo de velocidad, expulsión del agua y frenado final. Todo eso sucede en pocos minutos y con una precisión que, aunque parezca rutinaria, sostiene buena parte del rendimiento de la lavadora.
Problemas frecuentes cuando la ropa sigue demasiado mojada
Si la colada sale empapada, el centrifugado no está cumpliendo su misión. A veces la causa es simple: exceso de carga, prendas mal repartidas o un programa demasiado suave para el tipo de tejido. Otras veces hay un problema mecánico detrás, como obstrucción en el desagüe, bomba de vaciado desgastada o fallo en el sensor de equilibrio.
También puede influir un tambor con poca estabilidad o una suspensión cansada. En esos casos, la lavadora reduce velocidad para protegerse y el giro no llega a ser lo bastante eficaz. El resultado se nota como ropa muy húmeda, vibración anormal o un programa que parece repetir intentos de arranque sin alcanzar la intensidad habitual.
Conviene no confundir un ruido normal con una avería. El centrifugado siempre genera más sonido que el lavado, y cierta vibración es parte de su funcionamiento. Lo preocupante no es el ruido en sí, sino que cambie de forma brusca, golpee con fuerza o venga acompañado de un mal desagüe persistente y de prendas que siguen empapadas.
La relación entre centrifugado, arrugas y cuidado de las prendas
Más velocidad no equivale necesariamente a ropa mejor cuidada. Un giro alto extrae más agua, pero también compacta las fibras y favorece que aparezcan arrugas más marcadas. En tejidos resistentes eso puede resolverse con plancha o con un secado bien colgado, pero en ropa delicada puede ser una señal de que la intensidad ha sido excesiva.
Por eso muchas personas prefieren ajustar el centrifugado según el uso final de la prenda. Una camiseta de diario puede salir muy escurrida sin gran problema. Una blusa, una camisa de lino o una pieza con acabados finos agradecen más suavidad, aunque luego tarden algo más en secarse. El equilibrio está en combinar practicidad y conservación, no en exprimir cada giro al máximo.
Esa lectura más fina del ciclo ayuda a prolongar la vida útil de la ropa. Cuando el centrifugado se usa con cabeza, la lavadora deja de ser una máquina que solo limpia y pasa a funcionar como una aliada del tejido. La diferencia entre una colada duradera y otra que se envejece pronto suele estar en detalles tan discretos como este.
La fase final que revela el rendimiento real de una lavadora
El centrifugado es uno de esos momentos en los que se ve de verdad la calidad de una lavadora. No solo por la velocidad que alcanza, sino por cómo reparte la carga, gestiona el agua y protege las prendas mientras trabaja. Ahí se cruzan mecánica, física y uso doméstico con una precisión que muchas veces pasa inadvertida.
Entender qué hace y cómo ajustar su intensidad ayuda a interpretar mejor la colada, a escoger programas más adecuados y a evitar errores que luego se traducen en ropa mal escurrida, arrugas innecesarias o tejidos castigados. No es una fase secundaria; es el remate que decide cuánto tiempo y esfuerzo quedará después.
En una casa con lavadora, ese giro final funciona como un punto de equilibrio entre limpieza, secado y cuidado. Cuanto mejor se use, más ordenado será todo lo que viene después: el tendedero, la secadora, el planchado y la propia vida útil de las prendas.
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