Lavavajillas
Error HE en lavavajillas LG: causas, síntomas y solución
El aviso apunta al sistema de calentado: estas son sus causas más probables, cómo distinguirlas y qué revisar antes de reparar.

El error HE en un lavavajillas LG señala un problema en el circuito que calienta el agua o en la lectura de temperatura que hace el propio equipo. En la práctica, el aparato puede no alcanzar la temperatura prevista o creer que se ha pasado de ella, y por seguridad detiene el ciclo antes de seguir dañándose.
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Qué indica realmente el aviso HE
En los lavavajillas LG, HE no apunta a una avería menor ni a un simple aviso de mantenimiento. El mensaje se mueve en el terreno de la temperatura: o el agua no se está calentando como debería, o el sistema detecta una lectura anómala que rompe el rango esperado. LG considera crítica esa desviación y bloquea el programa para evitar un funcionamiento fuera de control.
La cifra que aparece en la documentación técnica más habitual sirve para entender la alerta: el sensor puede dispararla cuando detecta una temperatura superior a 194 grados Fahrenheit, unos 90 grados Celsius. No significa necesariamente que el agua esté realmente a esa temperatura en todos los casos; a veces el fallo está en el sensor, no en el calor real. Ese matiz es clave porque cambia por completo el diagnóstico y, con él, la reparación.
Cuando el sistema de calentamiento falla, el resultado suele notarse en la vajilla antes que en la pantalla. Los platos salen con grasa, los vasos pierden brillo y el secado queda a medio camino. Si la placa electrónica mantiene el calentador activo más tiempo del debido, el problema toma la dirección contraria: exceso de calor, vapor abundante y una parada de seguridad que ya no se puede ignorar.
Las piezas que suelen estar detrás del fallo
La primera sospechosa es la resistencia o elemento calefactor. Si está abierta, quemada o con una conexión deteriorada, el lavavajillas deja de elevar la temperatura del agua con normalidad. El ciclo puede seguir moviéndose, pero el lavado pierde eficacia y el secado queda muy lejos de lo esperado. En este escenario, el usuario suele notar agua fría o apenas templada al final del programa.
La segunda pieza es el termistor, el sensor que informa a la placa de control sobre la temperatura interna. Si esa sonda envejece, se desconecta o manda una lectura errónea, el lavavajillas puede pensar que el agua está demasiado caliente aunque no lo esté. El código aparece entonces como una respuesta defensiva, casi como una puerta que se cierra por una sospecha técnica y no por una certeza visual.
La tercera vía pasa por la placa electrónica. En algunos casos, el relé que gobierna el calentador se queda atascado y la resistencia permanece activa más de lo debido. El agua sube de temperatura, el sistema interpreta que ha cruzado un umbral inseguro y el programa se corta. Es una avería menos visible desde fuera, pero también una de las más delicadas, porque mezcla control, potencia y seguridad en una sola pieza.
| Código | Descripción | Causa | Señal habitual | Qué suele fallar |
|---|---|---|---|---|
| HE | Fallo del calentador | La resistencia no calienta, el termistor detecta una temperatura superior a 194 °F o la placa mantiene activado el calentamiento | Agua fría, exceso de vapor o parada del ciclo | Resistencia, sensor de temperatura o placa de control |
Cómo distinguir un calentador roto de un sensor engañoso
La manera más útil de orientar el diagnóstico es observar la temperatura real dentro de la cuba. Si el lavavajillas se detiene con el agua fría, el problema se acerca más al calentador o a la alimentación eléctrica que lo activa. Si, por el contrario, al abrir la puerta notas una cuba muy caliente, vapor excesivo o un interior casi hirviendo, la sospecha se desplaza hacia el sensor o hacia la placa de control.
También importa el momento en que aparece el aviso. Cuando el error salta al inicio del ciclo, la electrónica ya está recibiendo una señal rara desde el primer minuto. Si aparece al final, durante el secado o tras una fase intensa de lavado, la pista suele apuntar al sistema térmico trabajando fuera de su zona normal. El tiempo, en estos casos, dice más de lo que parece.
El contexto del aparato también pesa. Un lavavajillas con mucha cal, años de uso o conectores fatigados tiene más opciones de sufrir lecturas erráticas. La humedad, el vapor y los cambios bruscos de temperatura castigan tanto el sensor como el cableado. A veces el problema no está en la pieza que primero se piensa, sino en un terminal flojo o una conexión dañada que hace de intermediario defectuoso.
Qué revisar antes de pensar en una reparación compleja
La primera medida útil es desenchufar el equipo durante 60 segundos y volver a encenderlo. Ese apagado completo descarga la electrónica y limpia errores momentáneos que pueden quedar retenidos en memoria. No arregla una resistencia rota ni una placa dañada, pero sí elimina fallos puntuales que a veces se confunden con una avería establecida.
Después conviene fijarse en el comportamiento general del ciclo. Si el programa arranca con normalidad pero el agua sigue sin calentarse, la avería se concentra en la parte térmica. Si el equipo se detiene cuando ya ha trabajado un rato y se percibe demasiado calor, la atención debe ir al control electrónico. No hace falta desmontar nada para obtener estas pistas; basta con observar el ruido, el vapor y el momento exacto del bloqueo.
Lo prudente es detener el intento de reparación casera cuando entra en juego el multímetro, la medida de continuidad o la comprobación de la sonda. Ahí ya no hablamos de un gesto sencillo, sino de una intervención que exige criterio técnico. Manipular la zona de calentamiento sin experiencia puede empeorar el daño, provocar un cortocircuito o dejar el aparato fuera de garantía si todavía la conserva.
Por qué no conviene seguir usando el aparato con este aviso
Un lavavajillas que pierde el control de la temperatura no trabaja en condiciones normales. Si no calienta, el detergente rinde peor, la grasa se adhiere con más facilidad y la vajilla sale con un acabado apagado. Si calienta demasiado, el estrés térmico afecta a juntas, manguitos, conectores y a la propia electrónica. En ambos casos, insistir en el uso acelera el desgaste.
La seguridad también entra en juego. El diseño del equipo está pensado para cortar el ciclo cuando detecta una desviación peligrosa, y ese corte no es un capricho del software. El calor excesivo o la ausencia total de calentamiento pueden desencadenar daños mayores con el paso de los ciclos, desde piezas deformadas hasta fallos eléctricos más serios. El aviso HE funciona, por tanto, como una frontera clara entre el uso normal y la avería que ya necesita revisión.
Además, el problema se nota fuera de la pantalla. El secado cae en picado, los vasos quedan con restos y el interior del aparato puede acumular olores por una combinación de humedad y limpieza incompleta. Lo que empieza como una anomalía térmica termina afectando a la rutina doméstica, porque un lavavajillas que no regula bien la temperatura deja de cumplir su función principal con precisión.
Qué suele revisar el servicio técnico
El diagnóstico profesional suele empezar por comprobar la resistencia, el termistor y la placa de control. Esa secuencia separa bastante bien los casos más habituales: si la resistencia está abierta, se sustituye la pieza; si el sensor informa mal, se cambia la sonda; si el relé de la placa se queda pegado o entrega órdenes erráticas, la electrónica entra en la reparación. Cada origen apunta a una solución distinta y eso explica por qué el mismo código no siempre se resuelve del mismo modo.
También se revisan los terminales y el cableado cercano al conjunto de calentamiento. El calor constante y la humedad son una mezcla dura para los conectores, que pueden sulfatase, aflojarse o mostrar signos de sobrecalentamiento. En esos casos, el componente principal puede estar sano, pero la alimentación que le llega no lo está. El diagnóstico serio mira el sistema completo, no solo la pieza que aparece primero en la lista de sospechosos.
En modelos con bastante uso, el servicio técnico suele buscar signos de sobretemperatura en la placa y comprobar si el relé del calentador responde de forma coherente. Esa parte no se resuelve a ojo. Requiere medición, experiencia y una lectura ordenada del síntoma. Por eso el aviso HE orienta, pero no sentencia: marca el territorio de la avería, no el nombre exacto del culpable.
La lógica de seguridad detrás de los lavavajillas LG
Los lavavajillas LG combinan sensores y control electrónico con bastante precisión. Esa arquitectura ofrece ventajas claras: detecta desviaciones con rapidez y evita que el aparato siga trabajando en condiciones anómalas. Pero también hace que una lectura fuera de rango tenga un efecto inmediato, casi seco, como una puerta que se cierra antes de que el problema vaya a más.
Esa sensibilidad explica por qué algunos avisos parecen más tajantes de lo que el usuario espera. El sistema no intenta hacer una valoración aproximada; corta cuando ve una anomalía que toca el corazón del funcionamiento. En un electrodoméstico que depende del calor para lavar y secar, ese control es parte del diseño, no un fallo del diseño.
Por eso el mensaje HE conviene leerlo como una advertencia precisa. No habla de suciedad, ni de un bloqueo menor, ni de un programa mal elegido. Habla de temperatura fuera de rango, de una pieza que deja de trabajar como debe o de una electrónica que gobierna mal el calentamiento. Esa es la línea que separa una simple molestia de una revisión técnica que ya no admite demasiadas demoras.
Una señal que pide diagnóstico antes que ensayo
El error HE en un lavavajillas LG suele encajar en un mapa bastante definido: resistencia, termistor o placa. A partir de ahí, lo esencial no es adivinar, sino interpretar el síntoma con calma. Agua fría, vapor excesivo o parada prematura no significan lo mismo, aunque todos conduzcan al mismo código. El aparato habla en un lenguaje breve, pero deja rastros suficientes para saber por dónde mirar.
En casa, el margen razonable es pequeño: reinicio eléctrico, observación del ciclo y poco más. Si el equipo sigue mostrando el aviso, lo prudente es asumir que la anomalía ya no es transitoria. En un sistema que calienta agua a alta temperatura, la diferencia entre una lectura engañosa y una avería real puede parecer fina, pero decide si el problema se queda en un susto o acaba en una reparación seria.
El valor del aviso está precisamente ahí. HE no describe toda la historia, pero sí el punto exacto donde se rompe la normalidad. Y en un lavavajillas moderno, cuando el control térmico falla, el resto del ciclo se desordena como una fila de fichas que cae después del primer empujón. Detectarlo a tiempo evita que la avería gane terreno y que la máquina pase de ser un aliado silencioso a una caja cerrada que solo devuelve errores.
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